AFORISMOS, Juan Ramón Jiménez

0


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, Aforismos, Comares-La Veleta, Granada, 2007, 144 páginas.
**********
Andrés Trapiello selecciona para esta edición 656 aforismos de entre los (alrededor de 4000) que conforman la Ideolojía juanramoniana.
**********
Lo entrevisto se ve mejor y dura más que lo visto.
***
Donde quiera que la jente se esté riendo, tened la seguridad de que allí hay algo que llorar.
***
Creo en la inspiración, pero me fío poco de ella.
***
Biombos y espejos. La vida.
***
Ser breve, en arte, es, ante todo, suprema moralidad.
***
Mucho, sí; pero a condición de que sea tan bueno como lo poco.
***
El andamio no debe ser de roble, pero debe suponer el roble.
***
Defectos con tal de que sean de calidad. Y cuando lo son, qué bello.
***
Para que el arte no sea nunca "pasado", bastará con tenerlo desnudo.
***
Todos tenemos la misma edad, la del mundo.
***
Nostaljia es la pena de un recuerdo que no llega a precisarse.

EL MUCHACHO AMARILLO, Rafael Pérez Estrada

0


RAFAEL PÉREZ ESTRADA, El muchacho amarillo, Plaza & Janés, Barcelona, 2000, 192 páginas.

**********

LA BUHARDILLA

   A base de esfuerzo y ahorro habían conseguido un mar en la buhardilla. Sólo los domingos lo visitaban, el resto de los días debían contentarse con oírlo bramar. En ocasiones, una mancha extensa y salina de humedad en el techo del salón delataba la existencia de un secreto compartido por todos los de la casa.
   —Cuando consigamos nuevos ahorros —decían— compraremos gaviotas y peces voladores.
   Y es que trataban a aquel mar casero como si fuera un árbol de Navidad hambriento de sorpresas. Pero nunca pensaron en subirle la maqueta, deslucida, de un transatlántico varado durante décadas en el mostrador de la agencia de viajes de un antiguo huésped:
   —Con los barcos llegan los naufragios —advertían precavidos.
   Sufrían privaciones con tal de mantenerla y palpitante aquella ilusión, pero no se quejaban.
   —Un mar —decían— debe ser parte del destino de los hombres.
   De vez en cuando abrían la puerta de la buhardilla, y lo miraban y también lo olían, cuidando siempre de que las olas no acabaran escaleras abajo. Pero sobre todas las cosas lo soñaban, y cada amanecer se intercambiaban sus sueños nunca repetidos.
   Y sí alguno sufría de insomnio, se dedicaba a hojear catálogos de aves marinas, pensando cuáles de ellas irían mejor en los amaneceres de aquel mar cautivo. El albatros, quedaba eliminado a la primera: Excesivo —aseguraban—para un mar tan pequeño. Y volvían a remirar en los catálogos por si encontraban una especie de colibrí marino.
   Sólo uno de ellos, proclive a las alarmas y a invocar infortunios, les prevenía:
   —Cuidado, mucho cuidado —susurraba— pues de estar tanto tiempo encerrado es fácil que acabe por convertirse en un mar pálido, un mar de escaso azul y mucha ojera.
   Entonces, subían todos, y, ante las aguas contenidas, derramaban unas cucharadas de tinta estilográfica. Y el mar azuleaba agradecido, salpicando con su espuma las paredes tapizadas de la vieja buhardilla.

RETRATOS LITERARIOS, Laura Freixas

0


LAURA FREIXAS, Retratos literarios, Espasa, Madrid, 1997, 360 páginas.
**********
Laura Freixas, como indica el subtítulo de su obra, recoge retratos de 46 Escritores españoles del siglo XX evocados por sus contemporáneos, (de Azorín, los Machado, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, León Felipe, Federico García Lorca, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Rosa Chacel, Rafael Alberti, a Carmen Martín Gaite o Ana María Matute). «El contenido y el tono de muchos de los recuerdos aquí recogidos es el de las tertulias de café: jovial, cómplice, pintoresco».
**********


Max Aub era un personaje muy singular. Estaba en todo, lo había escrito todo, lo estaba publicando todo, pero, principalmente, lo sabía todo. Había leído mis primeros versos, quién sabe dónde, así como los de cualquier poeta de provincia español que se me ocurriera citar. Y tenía ideas clarísimas, y me atrevería a añadir que sensatas, sobre la jerarquía de valores literarios y, en contraste, sobre el orden de los falsos prestigios. Se sabia injustamente inapreciado en las nóminas de la literatura española, pero yo creo que no le importaba en absoluto. Sólo estaba preocupado por lo que aún no había escrito, por una idea aplazada o por lo que estaba empezando a hacer. Era en eso realmente admirable. Lo traté mucho en sucesivos viajes, y también, ya en el posfranquismo, en los suyos a esta España que tanto le decepcionó, yo creo que a causa de la fatiga de sí mismo. Durante largo tempo fue uno de los eslabones más sólidos que me mantuvieron en contacto con un pasado histórico mayormente imaginario. 

CARLOS BARRAL, Cuando las horas veloces.

***
La otra tarde, Max Aub firmaba ejemplares de una obra suya de teatro, No, en Cultart, la librería «in» del momento. Era un hombre bajo, con gabardina, vestido de gris, muy miope, con el pelo blanco y mal cortado, que no miraba a nadie, que tomaba y devolvía los libros sin levantar la cabeza, poniendo en ellos la firma solamente, sin interés por su público. «Max Aub. No», se lee en la primera página de la obra, o sea, autor y título. Él escribió debajo, en el ejemplar de una bella amiga: «Max Aub, quizá...» Ingenioso y cierto. Porque él y todos los otros vuelven gloriosos, pero vuelven tarde. Son los tíos de América de la cultura española. No dijeron su palabra en su momento y ya es tarde para que la digan. El retomo de los brujos nos les trae desembrujados. Les amamos, les esperamos. Pero es difícil, ya, que nos embrujen. 

FRANCISCO UMBRAL, «El retorno de los brujos», Ya, 30 de octubre de 1969.

MÁS ÁRBOLES QUE RAMAS, Jorge Wagensberg

0


JORGE WAGENSBERG, Más árboles que ramas. 1116 aforismos para navegar por la realidad, Tusquets, Barcelona, 2012, 256 páginas.
**********
Ser se es siendo.
***
El gozo intelectual es lo más parecido a una experiencia mística que puede disfrutar alguien negado para las experiencias místicas.
***
Sólo se puede tener fe en la duda.
***
Un aforismo es una conserva de comprensión.
***
Si no fuera por la crisis, aún seríamos todos bacterias.
***
La simbiosis es un buen negocio; el parasitismo mata.
***
Cambiar de respuesta es evolución, cambiar de pregunta es revolución.
***
Pregunta con garantía de respuesta negativa: ¿duermes?
***
Todo el tiempo que el buen mediocre no emplea para intentar sustituir a alguien, lo emplea para evitar que le sustituyan a él.

INVENCIONES, Tommaso Landolfi

0


TOMMASO LANDOLFI, Invenciones, Siruela, Madrid, 1991, 414 páginas.
**********
LA MALETA

   El muchacho fue confiado a un joven tío y, durante un tiempo, mientras se buscaba un alojamiento conveniente, los dos se conformaron con dormir en la misma habitación (de alquiler, y que era la habitación de soltero del tío). Por la mañana salían juntos para dirigirse el uno a la escuela y el otro a la oficina. Se citaban en algún sitio para comer y volvían a separarse, y, finalmente, volvían a encontrarse para la cena y el sueño.
   Cuando se quedaba solo en aquellas largas y gélidas tardes, el muchacho, en primer lugar, hacía sus deberes escolares y luego escribía poesías carduccianas en las que ponían gran cuidado en escindir las preposiciones articuladas y en mostrar una cierta suficiencia hacia algunas reverendas autoridades pero en las que también, a veces, transmitía algo de sus genuinas, inermes melancolías (y entonces la pluma parecía moverse por su propia virtud y la lengua se depuraba mágicamente). Por último, cuando la sombra se espesaba en la habitación y la lámpara empañada no lograba ponerla en fuga del todo, ya no hacía nada más. Miraba inmóvil el rectángulo de cielo cada vez más sombrío, se dejaba invadir por el frío y, con todo y con eso, de vez en cuando su frente ardía y sudaba. Vagaba en un extravío sin límites y, sin embargo, aquel mismo cielo sombrío tenía el poder de hacerle imaginar destinos radiantes, prodigiosas aventuras, misterios nunca resueltos y, por tanto, eternamente provocadores y halagüeños…
   Resumiendo, el muchacho había alcanzado la edad de las ansiedades y de las languideces que, por otra parte, aún no se concentraban ni fijaban en ningún objeto visible. Naturalmente, en sus fantasías y melancolías el lugar de honor estaba reservado a las figuritas femeninas vistas, entrevistas, rozadas en la escuela o por la calle. Pero de ello a una completa clarificación y justificación de sentimientos tan inseguros y hasta desconocidos el paso era largo, por lo que se quedaba turbado e impotente, ávido y desilusionado.
   ¿O tal vez su tío habría debido proporcionarle una clave? Éste era un guapo joven moreno y de pelo rizado, seguro de sí, por lo menos en apariencia. Cuando iban juntos por la calle el muchacho acostumbraba a defenderse de la tramontana caminando detrás de su robusta persona, de cuya física protección se podía solicitar o esperar ayuda en las actuales volcar la plenitud de su ánimo cuanto la búsqueda de sí mismo y del cauce que habría de dar a sus propias y tumultuosas facultades. Búsqueda que, por otra parte —era lícito pensarlo y el muchacho lo pensó—, no podía no resultar favorecida por estas recientes adquisiciones o logros de la consciencia.
   No fue así: la ciencia, o consciencia, se reveló singularmente severa, no sólo para la paz del corazón sino también para la posibilidad misma de reconocerse en alguna criatura o cosa. Y, tal vez, sea efecto inevitable: si una imagen suprema resplandece dentro de nosotros, ¿podríamos resignarnos a una pálida falsificación?
   El muchacho creció, envejeció y su búsqueda no dio fruto. Hasta que debió convencerse de que aquella lejana revelación había al mismo tiempo inaugurado la verdadera y gran melancolía, en la que, perdidos, y en una causa perdida, estamos obligados a hacernos pasar por los demás para atribuirles sentimientos definidos o vivificantes. Que al menos ellos, los homúnculos de la pesadilla, del terror y de la delirante fantasía, obtengan algún beneficio de ello.

INDAGACIÓN DE LA BASE Y DE LA CIMA, René Char

0


RENÉ CHAR, Indagación de la base y de la cima, Árdora, Madrid, 1999, 288 páginas.
**********
Artículos, sentencias, aforismos, poemas en prosa... que dialogan de magnífica forma alrededor de la acción, el pensamiento y el arte. Por su trabajo a la hora de verter desde el francés este volumen, Jorge Riechmann recibió en el año 2000 el Premio Stendhal de traducción.
*********
TRES RESPIRACIONES

   Existe una primavera inaudita desparramada por las estaciones y hasta bajo las axilas de la muerte. Transformémonos en su calor: llevaremos sus ojos.
   Levanta tierra el sepulturero, pero más levanta la palabra.
   Nunca estaremos lo suficientemente atentos a las actitudes, la crueldad, las convulsiones, las invenciones, las heridas, la belleza, los juegos de ese niño que vive cerca de nosotros con sus tres manos,  y que se llama el presente.

***
Lo esencial está amenazado sin cesar por lo insignificante. Ciclo rastrero.
***
El amor que traza surcos es preferible a la aventura que humilla, la herida al humor.
***
Somos de esos que miran adrede por la puerta del vagón, pues nos gusta ese segundo tan grávido que todavía arde después de que aquello que nos transporta ha desaparecido. Ay, qué precio el de esa carbonilla.

JUEGO DE NIÑOS, Diego Sañudo

0


DIEGO SAÑUDO, Juego de niños, La Tinta del Silencio, México, 2016, 22 páginas.

**********
Jorgito estaba deprimido. Desde que su amigo imaginario se echó novia imaginaria no tenía con quien jugar.

LA VIDA EN UN INSTANTE, Herme G. Donis

0


HERME G. DONIS, La vida en un instante, Cuadernos de Humo, Nueva York, 2015.
**********

JUEGOS DE ARTIFICIO, Antonio Toribios

0


ANTONIO TORIBIOS, Juegos de artificio, Asociación Cultural La Armonía de las Letras, León, 2016, 236 páginas.

**********
LA SIESTA DEL POETA

   Los niños jugaban a atrapar la luz. Hacían cestillas con las manos, la aventaban, levantaban efímeras empalizadas, pero ella se les escabullía entre los dedos con astucias de minúscula alimaña. Los chiquillos se empujaban y reían con la fiereza dichosa de los cachorros sanos. La luz volvía a su ser y les embromaba fingiendo una quietud de eras. Los niños, cansados, salieron al jardín y quedé solo en la penumbra de la galería. El haz brillante partía de una rendija y moría a mis pies. En el charco de luz naufragaron de pronto mis buenos propósitos. Supe entonces que tarde o temprano volvería a matar.

EL BOSQUE DE LAS PALABRAS, Alejandro Garaizar

0


ALEJANDRO GARAIZAR, El bosque de las palabras, Cincuenta palabras, 2016, 142 páginas.

**********
Garaizar selecciona y edita 200 relatos publicados previamente en el portal 50 palabras.  
**********

SEIS MIRADAS

   Miraba al pelotón, sin miedo. Los soldados al apuntarle pensaban:
   «Nada me ha hecho».
   «Lo conozco desde niño».
   «A sangre fría no puedo».
   «Su mirada es íntegra».
    Los disparos dibujaron una silueta en la pared.
   «Tiene los ojos de padre».
   El capitán apoyó el arma en su cabeza y disparó.

Salvador Esteve

VIVIR ES ARRIESGARSE, Gabriel Ramos

0


GABRIEL RAMOS, Vivir es arriesgarse, La Tinta del Silencio, México, 2017, 22 páginas.

**********
La Tinta del Silencio edita este feliz artefacto creativo de Gabriel Ramos, conocido divulgador de microformas literarias a través de Literatura minimalista.
**********

AMNESIA

   El doctor se declara incompetente para responder cuándo recuperaré la memoria. Mi mujer me trae fotos para que recuerde quién soy. Yo pregunto la fecha de nuestro aniversario, cuántos hijos tenemos, por todo, menos por la dama que me acompañaba en el automóvil.

PERSONAJES SECUNDARIOS, Manu Espada

0


MANU ESPADA, Personajes secundarios, Menoscuarto, Palencia, 2015, 100 páginas.

**********
En Personajes secundarios, héroes clásicos, protagonistas de la Historia o estrellas de cine desfilan por unas páginas donde toda narración es posible, donde la literatura es a la vez hogar y herramienta a la hora de compartir y (re)descubrir el mundo. La imaginación, los juegos tipográficos o intertextuales van entretejiendo una búsqueda ya esbozada en los títulos de las tres secciones que organizan el libro (El silencio, El ruido, La palabra); una búsqueda que se construye, y en especial se disfruta, en cada uno de los textos de este maestro de la narrativa breve.

**********
CAMBIO CLIMÁTICO

   El hombre del tiempo predijo una borrasca de letras «e». Me puse las katiuskas y salí a la calle. Todo comenzó con un leve sirimiri. Unas pequeñas y finísimas «es» Times New Roman cuerpo siete mojaron mi pelo. Abrí los brazos y un chaparrón de Tahoma veinte (mayúsculas) me caló hasta los huesos. Emocionado, chapoteé en un charco de «es» Courier New en negrita hasta que se pusieron en cursiva. Tras dos días de incesantes chubascos, el viento alejó los oscuros nubarrones de Arial Black. Ahora brilla el sol y el hombre del tiempo predice una feroz sequía. Mientras escribo este texto compruebo, aterrado, cómo comienzan a evaporarse hacia la página anterior las «es» de los jardines, de los carteles, de los letreros, de las canciones, de los sermones, incluso de este mismo cu nto.

EL ESPEJO DE LA DIOSA, Francisco Giménez Gracia

0


FRANCISCO GIMÉNEZ GRACIA, El espejo de la diosa, Biblioteca Nueva, Madrid, 2005, 64 páginas.
**********
Todo empieza por una putada (el nacimiento) y termina en otra mayor (la muerte). Entre medias aún hay gentuza que pretende que nos pongamos a dieta.
***
Cualquier persona sensata termina por darse cuenta de lo poquísimo que le une al resto de sus semejantes.
***
Que los Evangelios son obra de unos individuos de lo más siniestros es algo que se desvela desde el mismo título. En efecto, el que se califique de “buena nueva” el anuncio de que el fin de los tiempos está próximo; que muchos serán los llamados, pero muy pocos los elegidos, y que para esos muchos será el fuego eterno, el llanto y el crujir de dientes, que se tenga todo esto por una grata noticia, digo, es algo que sobrepasa todos los límites del resentimiento.
***
Me gustaría saber de qué podrida región del cerebro puede nacer la vocación de predicar.
***
El bajo índice de suicidios demuestra que el hombre padece un síndrome de Estocolmo con la vida.
***
¿Cómo no desconfiar de todos esos que gustan de hablar en nombre de los demás?
***
Las caricias que te han negado, ¿te han endurecido o son la raíz de tu fragilidad?
***
Cualquier persona sensata termina por darse cuenta de lo poquísimo que le une al resto de sus semejantes.

CRÓNICAS DE LILIPUT, Alejandro Badillo

1


ALEJANDRO BADILLOCrónicas de Liliput, BUAP, Puebla, 2017.
**********
BOOMERANG

   La mujer, víctima de la depresión, decidió acabar con su vida e ingirió varias cajas de medicamentos. No sólo no murió sino que, casi al instante, se curó de todas sus enfermedades.

SEGÚN LA COSTUMBRE DE LAS OLAS, Jenaro Talens & Clara Janés

0


JENARO TALENS & CLARA JANÉS, Según la costumbre de las olas, Salto de Página, Madrid, 2013, 82 páginas.

**********
He aquí el resultado del diálogo creativo de los poetas Jenaro Talens y Clara Janés: «Clara se decantó por continuar expresando su desconcierto mediante fotomontajes. Yo respondía a sus sugerencias visuales con poemas en prosa».
**********


UTILIDAD DEL DISCURSO VERDADERO

   De noche, cuando los amantes bajo la influencia sólo intercambian su respiración, las palabras no dicen ni conocen. Puro sonido sin significado, son apenas escombros de otros balbuceos donde el anciano antaño quiso reconocerse al despertar. Toda lección se aprende de las ruinas. ¿Podrá la luz un día señalarle un camino? Vagamente se escuchan en el horizonte voces que claman la intemperie del animal que fue. 
 

ANDAR EN LA NIEBLA, Ricardo de la Fuente

0


RICARDO DE LA FUENTE, Andar en la niebla, Cuadernos del Vigía, Granada, 2017, 82 páginas.
**********
Esta excelente colección de aforismos fue distinguida, por un jurado compuesto por Erika Martínez, Carmen Canet y Jordi Doce, con el IV Premio Internacional José Bergamín de Aforismos.
**********
Cada día nos cambia el futuro.
***
Nada se descubre sin salirse del sendero.
***
Mis contradicciones no saben que les seré infiel con otras.
***
Aforista: instinto de cazador, paciencia de pescador.
***
Para no saber a dónde vamos, vamos demasiado deprisa.
***
Las palabras se van con los poetas porque las sacan de su rutina.
***
Cómo se las arreglarán los buenos escritores para escribir un libro distinto para cada lector.
***
Para no tener malos recuerdos hay que tener buenos olvidos.
***
El corazón y la cabeza se entienden a nuestras espaldas.
***
La tecnología tiene los humos muy subidos.
***
La pasión de mayor quiere ser ternura.

POEMAS, RELATOS Y REFLEXIONES, Conchita Bermejo

0


CONCHITA BERMEJO, Poemas, relatos y reflexiones, Universidad de Murcia, Murcia, 2006, 176 páginas.

**********
LA CARAVANA Y EL DESIERTO

   Arena. Puntos y horizonte. Lejanía. Pero me muevo y el círculo y el torbellino siguen dentro. El sol. La línea forzosa de la caravana. Linealidad. Y el mundo vertiginoso de la mente. Rodear, avanzar en línea... Ha muerto el tiempo. Pero yo no he muerto. Quiero avanzar pero sólo puedo hacerlo en línea, solo puedo esperar un grano de arena y después otro y otro, como las palabras, pero no como el pensamiento. Este me rodea, me asume y me atrapa en espiral, en vorágine. Y quiero conducir mi pensamiento en línea, “arenosamente”, punto a punto, pero es imposible. Quiero escaparme de la caravana. Quiero girar totalmente.
   Voces. Ordenes, multiplicidad, simul, y el hilo de la vida allí lineal, dependiendo una hora de la hora anterior, un minuto del minuto anterior, un segundo del segundo. Urgencias. La vida en simultaneidad apresurada. Y la vida gota a gota. Arena, caravana... Un hematíe se añade a otro hematíe. Pero...
   –Tecla correctora. Pero sólo puede borrar letra a letra. Hay que renunciar.-
   Hay un estoicismo necesario y doloroso. Una letra sigue a una letra, una palabra sigue a una palabra. Pero yo soy un todo sin porvenir atómico.
   La bolsita del té y el agua. Nada puede interrumpirse gestando sus burbujas una a una. Y las burbujas, cada una, subiendo a la superficie. Y el telediario, pesadillas simul. Hasta estallar el sufrimiento y la resistencia de cada circunvalación de mi cerebro, ¡por fin! no lineal, clave descifradora de mi confusión. El solo él, la explicación del todo y la línea, de mi desierto y de mi irrenunciable caravana.

EL RÍO, Miguel Ángel Bernat

0


MIGUEL ÁNGEL BERNAT, El río, Pre-Textos, Valencia, 1991, 28 páginas.

**********
Detrás de mí y reflejándose en el río, caminan, mientras yo les miro en el espejo del agua.
***
Miro largamente a los ancianos y sus hijos. Las mujeres solas, los hombres cansados y vigorosos.
***
Los sueños de los niños y los hombres de traducen en gestos. Gestos de fuego deslizándose sobre el hielo de cada día.
***
Guardo lo que me da fuerza. Guardo lo que me hace débil para que no lo haga.
***
Ahora me aparto del dolor. Entorno mis ojos. Intento apartarme del dolor. Puede tocarme si quiere, pero no es mío. La herida que el dolor me hace, el agua del dolor la borra.
***
Oigo volces que traman y sonríen. Voces de trueno y sonríen. Voces sin eco, sin descanso. Voces brumosas. Voces que me golpean y me dañan y quizá sólo me rozan.
***
Y la mano corrige al corazón, y el corazón corrige a la mano, el río sigue al río.

SOBRE LA IMPOSIBILIDAD DE PUBLICAR, Antonio Fernández York

0


ANTONIO FERNÁNDEZ YORK, Sobre la imposibilidad de publicar, Ediciones del Viento, A Coruña, 2017, 128 páginas.
**********
Algunos de los treinta relatos que componen esta ópera prima de Fernández York son microrrelatos.
**********



TOLSTOIEVSKI

   Tras presentarme a las oposiciones de profesor de Lengua Castellana y Literatura tuve la desdicha de ser calificado con la nota más baja jamás obtenida por un opositor en España.
   Aunque no pude conocer todos los criterios que motivaron la decisión del tribunal, un amigo mío, que a su vez es amigo de uno de los miembros del jurado, me comentó que mi pésima calificación se atribuía a una subversiva y deplorable interpretación de la Literatura. Transcribo algunos fragmentos de anotaciones del tribunal a las que mi amigo pudo tener acceso:
   «El opositor pretende hacernos creer que algunos escritores, fusionados, serán más fácilmente comprendidos por el alumno». «El presidente [del tribunal] le pregunta:
   —¿Quién es ese del que usted habla? —el opositor menciona con desasosegante naturalidad a un tal Tolstoievski.
   —Tolstoievski —responde el opositor— es Tolstoi y Dostoyevski. Los he unido por su afinidad. Así son más asequibles para el alumnado, que en vez de estudiar a dos autores por separado se limita al estudio de uno. Tolstoievski es autor de obras como Crimen y castigo o Guerra y paz».
   «Otros autores a los que cita el opositor son Pío Galdós Baroja y Adolfo Borges Casares. Un compañero [del tribunal] comienza a sentirse indispuesto. La prueba ha de suspenderse durante veinte minutos».
   «Cuando el opositor menciona a Camilo Asimov Cela Eisenhower, un compañero le propone al presidente dar por concluida la exposición».
   «El desatino carece de límite. La mención de que la Generación del 27 al completo forma un único autor vuelve a detener la prueba, esta vez durante casi cuarenta minutos. El motivo es la crisis de ansiedad de un examinador».
   «No podemos hacerlo callar porque ha pagado las tasas del examen y porque no nos ha faltado al respeto a ninguno de los examinadores».
   Si conservo estas anotaciones se debe más a un no querer repetir mis errores que a un mero deseo de mortificarme. Lo iconoclasta y novedoso, ahora lo sé, no es bien recibido en el ámbito académico.

CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES, Elena Favilli & Francesca Cavallo

0


ELENA FAVILLI & FRANCESCA CAVALLO, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, Planeta, México, 2017, 224 páginas.

**********
Elena Favilli y Francesca Cavallo reúnen en este libro, sufragado por micromecenazgo, cien biografías (desde la matemática Ada Lovelace a la arquitecta Zaha Haddid) inspiradoras para que todas las niñas rebeldes del mundo «sueñen en grande, aspiren a más, luchen con fuerza».
**********
ADA LOVELECE (10 de diciembre de 1815-27 de noviembre de 1852)

Matemática 

    Había una vez una niña llamada Ada a quien le encantaban las máquinas.
   También le fascinaba la idea de volar. 
   Estudió a muchas aves para descifrar el equilibrio exacto entre el tamaño de las alas y el peso del cuerpo. Probó distintos materiales y realizó múltiples diseños. Nunca logró planear como un ave, pero creó un hermoso libro de ilustraciones llamado Flyology (Vuelología), en donde anotó todos sus hallazgos.
   Una noche, Ada asistió a un baile donde conoció a un viejo matemático cascarrabias llamado Charles Babbage. Ada también era una matemática brillante, así que no tardaron en convertirse en buenos amigos. Charles la invitó a ver una máquina que había inventado. Se llamaba máquina diferencial, y podía sumar y restar números de forma automática. Nadie nunca había hecho algo así.
   Ada estaba fascinada.
  —¿Y si construimos una máquina que haga cálculos más complejos?—le preguntó a Charles. Ambos pusieron manos a la obra. Estaban muy emocionados. La maquina era descomunal y requería un enorme motor de vapor.
   Pero Ada quería llegar más lejos.
   —¿Y si logramos que esta máquina toque música y muestre letras además de números?
  Lo que Ada estaba describiendo era una computadora. ¡Mucho antes de se inventaran las computadoras modernas!
   De hecho, Ada creó el primer programa computacional de la historia.


LECCIÓN DE MAGIA, Pelayo Fueyo

0


PELAYO FUEYO, Lección de magia, Oviedo, Eikasia, 2005, 76 páginas.

**********
Tergiversar la realidad sin que la realidad cambie: he aquí el misterio de la poesía.
***
Toda poesía coherente tiende a una poética.
***
Hay una forma de "democracia" en la poesía, que consiste en respetar a todo poeta, por muy distinta de la nuestra que fuera su visión del mundo, si es que goza de un estilo propio.
***
Todo poema, aunque su tema exponga la tristeza de su autor, produce, no obstante, el placer de ser representación de una realidad personificada.
***
Hasta el poema más austero tiene por origen inconsciente un "collage" de imágenes.
***
Escribir poesía como "pasar a limpio" un desastre microhistórico, conjurado por la belleza expresiva de esa evasión.
***
Concebir la poesía como un espejo formante y como un cuadro deformante; o, si acaso, como un cuadro que va diluyendo la expresión del rostro hasta convertirse en la falsilla del espejo, que es lo saben los lectores de nosotros.
***
Cuando escribimos poesía tratamos, bajo cualquier pretexto humano, recrear nuestra personalidad en relación a las cosas del mundo, a fin de crear un canon intemporal que lleve nuestro nombre como referencia.
***
La lectura esencial de todos mis poemas no revela la figura de lo que he sido, sino de lo que debí ser.
***
No es que el tema favorito para los poetas sea el amor de forma directa, sino que todos los objetos poéticos están en armonía metafísica con un amor por todo lo humano.

POR SI ACASO, Ángel Gabilondo

0


ÁNGEL GABILONDO, Por si acaso. Máximas y mínimas, Espasa, Madrid, 2013, 216 páginas.
**********
A los hechos les cuesta ser sin relatos.
***
No leer es una forma de ceguera.
***
Desde que tú no estás, yo, a mi modo, tampoco.
***
Si las palabras son adecuadas, se oye mejor el silencio que sin ellas.
***
Quienes más han sufrido tienden en principio a no recomendármelo.
***
He revuelto por todos los rincones de casa en busca de una palabra tuya.
***
Si alguien ya no te sorprende no es porque le conozcas, es porque te importa menos.
***
La verdadera sed nunca se sacia.
***
Que no nos quepa en la cabeza no nos dice nada del asunto.

CUENTOS DE LA MONTAÑA, Miguel Torga

0


MIGUEL TORGA, Cuentos de la montaña, Alfaguara, Madrid, 1994, 344 páginas.
**********
CAVACO

   El Ronda era el hombre más pobre de Vilele. Pero le dio tal alegría saber que a Julio, su hijo, le habían dado sobresaliente en su primer examen escolar que le juró por su alma que le regalaría algo por Navidad. El muchacho oyó la promesa con desconfianza. A pesar de sus diez años, ya conocía la vida. ¡Un regalo, cuando ni siquiera tenían dinero para borona! De todos modos, y por si acaso, no dejó enfriar el asunto, y ya en diciembre, la víspera de la feria mensual del día veintitrés, se decidió a preguntarle a su padre:
   -¿Sigue pensando en ir a la Vila?
   -Sí.
   -¿Y va a traerme el regalo?
   -¡Claro!
   Se hizo un silencio. Habían cenado sopa de coles y castañas cocidas. Nada más. Hacía una noche de perros. Sobre el tejado caían cortinas de agua. Y como la casa era de piedra suelta y teja hueca y estaba llena de rendijas, el viento, que parecía el diablo, soplaba húmedo sobre la llama del candil, que se retorcía toda, y desaparecía por debajo de la puerta como un fantasma. Pero como en la lumbre estaba ardiendo corteza de castaño y su padre le había asegurado tan firmemente que cumpliría su promesa, todo parecía tener un color dorado de abundancia y bienestar.
   -¿Qué va a ser el regalo?
   -No te lo voy a decir…
   -¡Dígamelo!
   Tuvo que intervenir la madre y dar la conversación por terminada con las oraciones y la cama.
   -Infinitas gracias te sean dadas, Señor y Dios mío…
   Las palabras salían de su boca, límpidas, cálidas, solemnes. Y el chiquillo, que ya había oído esa cantinela miles de veces, y cayéndose siempre de sueño, se despabiló para intentar comprender el sentido íntimo de cada invocación.
   -A san Andrés Avelino, para que nos libre de una mala muerte…
   Padre e hijo respondían a una:
   -Padrenuestro que estás en los cielos…
   -A san Bartolomé, para que nos libre de las tentaciones del demonio, de los malos vecinos, de los momentos difíciles…
   -Padrenuestro…
   A pesar de todo, la atención del pequeño no tardó en cansarse. Al tercer misterio su voz vacilaba, y en la Salve, bóveda del solemne rito, dormía como un tronco.
   Ya iba a desplomarse sobre el banco de la cocina, cuando el amén definitivo le hizo volver a la vida. Abrió los párpados con todas sus fuerzas y consiguió dirigir la mirada hacia su padre, para hacerle una última pregunta.
   -¿De verdad que me lo va a traer? ¿De verdad?
   Pero su madre no dejó que le arrancase la confirmación deseada. Lo cogió por el brazo y, adormilado, lo levantó, lo llevó casi a rastras hasta la habitación, y poco después Julio caía en un sueño profundo, entoldado únicamente por la incertidumbre con que se había quedado dormido.
   Por la mañana, cuando se despertó, el padre ya había salido. La Vila estaba a tres leguas y la feria comenzaba temprano. Entonces se fue a atar la cabra, con una preocupación sabrosa, tibia, que le hacía detenerse morosamente en todas las encrucijadas, extasiado ante las zarzas y las piedras.
   -Muchacho, andas como atontado…
   Su madre no podía comprender lo que para él significaba recibir un regalo: extender la mano y ver en ella, en lugar del plato de sopa habitual, algo inesperado y gratuito, que representaba la irrealidad de la riqueza en la realidad de una pobreza tangible. Por eso se enfadó cuando vio que hacía ascos a la sota de maíz del desayuno y que al mediodía no comía más que una sardina.
   ¡Vaya por Dios! ¡Solo le faltaba que el crío se le pusiese enfermo!, ¡tener en casa una boquita escogida que desdeñase lo que había para comer!
   ¡Pobrecilla! Lo quería mucho… Solo que… ¡Era tan fácil de entender!
   Cuando la noche empezó a caer del lado de san Cibrão, cansado ya de vigilar el camino viejo por el que, desde que el mundo es mundo, se regresaba de la Vila, le pidió a su madre que le dejase ir a esperar a su padre. Solo hasta la Castanheira. ¡Que si no se daba cuenta de la niebla que había! ¡Que si no había oído el toque de ánimas! ¡Que fuese bueno!
   Se quedó mirando a su madre. ¡Tanto como lo quería y ahora no era capaz de entenderlo!
Se resignó. Se quedaría allí hasta que su padre asomase por la Silveirinha. Y en cuanto lo viera, ¡pies para qué os quiero! Pero, ¿qué sería el regalo? ¿Qué sería?
   La niebla, que no cubría más que el monte de san Romão cuando su madre le había hecho la advertencia, se posaba ahora espesa y húmeda sobre el pueblo. Y con ella también había llegado la noche.
   Desde la puerta solo se veía la oscuridad. Además, a la lluvia se había unido el viento y el frío para helarlo todo. Estaba tiritando y se acercó a la lumbre.
   -Padre se está atrasando…
   -En ir a la Vila y volver todavía se tarda…
   Se notaba que ella también estaba inquieta. ¿No sería que, al igual que él, estaba esperando un regalo?
   Ya era noche cerrada. Ahora estaba lloviendo a cántaros. Por las grietas de la casa el viento iba dando puñaladas traicioneras.
   -¡Ay Dios mío!
   El lamento de la madre terminó de llenar la cocina, ya inundada de humo.
   -¡Qué noche! ¡Y ese hombre por ahí!
   Se quedó mirándola con los ojos enrojecidos por la hoguera de leña verde.
   De repente, a la idea del regalo que le había acompañado alegremente durante todo el día, se unió otra, triste, imprecisa, que le daba miedo.
   -También ha ido el tío Adriano, ¿no?
   -Sí.
   Se hizo de nuevo el silencio entre ellos. Pero duró poco.
   -Cena y vete a dormir, que ya es hora…
   -¡Yo quería esperar a padre!
   -Cena y vete a dormir…
   A pesar de que su madre le obligaba no pudo tragarse la sopa ni, ya en la cama, podía quedarse dormido. La oía llorar en la oscuridad y oía cómo martilleaban en el tejado las gotas de lluvia gruesas y pesadas.
   Súbitamente oyó pasos en el huerto. ¡Por fin! ¡Era su padre! ¿Qué sería el regalo?
   El que llegaba golpeó la puerta suavemente y llamó a la madre en voz baja:
   -María…
   -¿Quién es? -preguntó la madre.
   -Soy yo, Adriano…
   Le dio un vuelco el corazón. ¿Así que el tío Adriano había regresado solo? Aguzó el oído, como un animalito asustado.
   Y así se enteró de que, en una reyerta, habían matado a su padre de una puñalada y que allí se había quedado, tirado en el suelo, junto a un cavaco que traía para él.

POEMAS EN PROSA. CONTRA EL SECRETO PROFESIONAL, César Vallejo

0


CÉSAR VALLEJO, Poemas en prosa. Contra el secreto profesional, Editorial Laia, Barcelona, 1983, 268 páginas. 

**********
   Conozco a un hombre que dormía con sus brazos. Un día se los amputaron y quedó despierto para siempre.

LA ALEGRÍA DE LO IMPERFECTO, Javier Sánchez Menéndez

0


JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ, La alegría de lo imperfecto, Trea, Gijón, 2017, 72 páginas.

**********
La realidad es el sueño que no puede cambiarse.
***
Vivir es como naufragar, pero sin agua.
***
No se puede vivir en la unidad sin haber existido en la separación.
***
Para el poeta contemplar el interior es descubrir la naturaleza.
***
Nunca amarga el dolor si se compone de naufragios.
***
Las batallas solo se ganan con palabras de vitalidad.
***
La auténtica belleza suele ser la alegría de lo imperfecto.
***
Lo simple, con ética y estética, es verdadero.

HOMO POKÉMONS, Tirso Priscilo Vallecillos

0


TIRSO PRISCILO VALLECILLOSHomo Pokémons. Alientos, malalientos y otras exhalaciones, Trea, Gijón, 2017, páginas.
**********
Nadie vende media naranja.
***
En cuestión de amor me conformo con bajar mis expectativas 
hasta la cintura.
***
Esa gente que cuando habla corrige en rojo.
***
Polvo somos y en polvo nos convertiremos... Y si te quitas la ropa podemos ir practicando.
***
Lo que escribo cuando estamos a oscuras es aquello que más me gusta que leas.
***
Atraversar: pasar por la vida poéticamente.
***
Envoltura de educación religiosa: La marca «Judeo-cristiana» es la que triunfa en occidente.
***
Esencia de soledad: Algunas piezas humanas es lo único que se ponen para ir a la cama.
***
En estos tiempos no está de moda hablar de hipocresía.
***
Esa gente que insiste en que todo le salga redondo, incluso los cuadrados.

FRAGMENTOS DE UN MUNDO ACELERADO, José Óscar López

0


JOSÉ ÓSCAR LÓPEZ, Fragmentos de un mundo acelerado, Balduque, Cartagena, 2017, 212 páginas.
**********
AMBICIÓN
A Manuel Moyano

   —Todos nuestros esfuerzos son inútiles —dijo a su ayudante, y ambos dejaron de pedalear a lomos del nuevo ingenio que habían terminado de construir esa misma tarde; efectivamente, el Sol y la Tierra continuaban su marcha sin apartarse un ápice de sus senderos prefijados: el astro se escabullía bajo una de las lindes del planeta, y él y su ayudante contemplaron impotentes cómo retornaban alrededor de ellos las sombras.

CUENTOS AMABLES, NOBLES Y MEMORABLES, Julio Ardiles Gray

0


JULIO ARDILES GRAY, Cuentos amables, nobles y memorables, Ediciones del Cardón, San Miguel de Tucumán, 1964, 108 páginas.

**********
LA ESCOPETA

   Avanzó entre los naranjos. El sol caía con tanta fuerza que le obligaba a entrecerrar los ojos. La paloma saltó entonces de una rama a otra, y a otra, y se perdió por entre el follaje bien alto. Con la escopeta levantada, Matías se acercó hasta el tronco del árbol. Pero por más que examinó hoja por hoja, no pudo dar con la paloma. Extrañado, se rascó la nuca.
   De pronto, sobre su cabeza sintió un ruido. Volvió a fijarse. Arrebujado entre unas ramas, había un pájaro. No era su paloma; era un pájaro de un color entre azulado y ceniciento. Con cuidado, Matías apoyó el arma en el hombro y levantó el gatillo.
   “Ya que no es la paloma -se dijo- no me voy a volver a la casa con las manos vacías”.
   Pero en ese instante, el pájaro saltó a una horqueta, sacudió las alas e hinchando la gola se puso a cantar.
   Matías, que ya había llegado al primer descanso, abandonó el gatillo y escuchó.
   “Qué extraño -se dijo-. Jamás he escuchado cantar a un pájaro como este”.
   El trino, en el redondel de la siesta, subía como un árbol dorado y rumoroso. A Matías le pareció que más que el canto del pájaro, lo que se desgranaba eran las escamas amodorradas de la siesta misma. Y le comenzó a entrar un sopor dulce, unas ganas de abandonarse a los recuerdos de los tiempos felices y de no hacer nada más que escuchar el canto del pájaro que seguía subiendo, esta vez como un perfume agridulce y verde.
   Para escuchar mejor, dejó caer la escopeta a un lado y arrastrando los pies se acercó al árbol para apoyarse en el tronco. El pájaro había desaparecido, pero su canto continuaba en el aire. Y no pudo sustraerse a la tentación de mirar al cielo y levantó los ojos. Allá arriba, entre unas nubes ociosas que desflecaban gigantescas flores de cardo, dos grandes pájaros negros volaban en lánguidos círculos inmensos. Matías, entonces, no supo distinguir si la dulzura que sentía venía del canto de aquel pájaro o de las nubes que se desvanecían como borrachas a lo lejos.
   El canto, entonces, se acabó de improviso. Los pájaros y las nubes desaparecieron y él volvió en sí.
   “Me estoy volviendo muy abriboca” -se dijo mientras sacudía la cabeza.
   Buscó la escopeta pero no la encontró donde creía haberla dejado. Caminó más allá, volvió más acá, pero el arma había desaparecido.
   -¡Esto me pasa por tonto! -gritó en voz alta.
   Y todo lo que hizo después fue en vano. Al cabo de una hora, ya cansado, se dijo:
   “Me iré a la casa a buscar a mi muchacho. Entre los dos la vamos a encontrar más ligero. No puedo perder así un arma tan hermosa”.
   Y se lanzó cortando el campo hasta alcanzar el callejón.
   Al entrar al pueblo fue cuando comenzó a sentir algo raro. Estaba como desorientado: echaba de menos algunos edificios y otros le parecía que nunca en su vida los había visto. A medida que avanzaba, la sensación iba en aumento. Y al llegar a su casa, el miedo le sopló en la cara un presentimiento vago, pero terrible.
   Penetró en el zaguán. En el patio, cuatro chicos jugaban y cantaban. Al verlo se desbandaron gritando:
   -¡El Viejo…! ¡El Viejo…!
   Una mujer salió de una habitación sacudiéndose las hilachas de la falda. Matías balbuceó con un hilo de voz:
   -¿Quién es usted…? Yo busco a Leandro…
   La mujer lo miró largamente y frunció el entrecejo.
   -¿Qué dice, buen hombre? -dijo.
   -Busco a Leandro -tartamudeó Matías-. A mi hijo Leandro… Esta es mi casa.
   -¿Su casa? -dijo la mujer.
   -¡Sí. Mi casa! -gritó Matías-. La casa de Matías Fernández.
   La mujer hizo un gesto de extrañeza.
   -Era…-dijo sonriendo con tristeza-. Nosotros la compramos hace veinte años cuando desapareció don Matías y todos sus hijos se fueron de este pueblo.
   -¡Qué! -gritó Matías, levantando las manos como para defenderse.
   -Sí… -asintió la mujer temerosa.
   Entonces, Matías se fijó en sus manos y se dio cuenta que estaban arrugadas, muy arrugadas y trémulas como las de un hombre muy viejo. Y huyó despavorido dando un grito.

ISLA SOMBRERO, Juan Carlos de Sancho

0


JUAN CARLOS DE SANCHO, Isla sombrero. Cuentos y descuentos, Mercurio, Las Palmas de Gran Canaria, 2016, 146 páginas.
**********
TOMOKO

   Tomoko es una niña japonesa de Kioto que solo come rollitos de primavera. Disfruta tanto con sus rollitos que no necesita otro alimento.
   Aunque es japonesa le encanta la comida china. En primavera le brotan flores de cerezo por las orejas y la nariz. Entonces Tomoko se va al jardín de la casa, cava un agujero en la tierra y se transforma en una planta. Durante ese tiempo apenas come nada y deja que crezcan los cerezos.

LAS CONSECUENCIAS DE NO TENER NADA MEJOR PARA PERDER EL TIEMPO, Carlos Marzal

0


CARLOS MARZAL, Las consecuencias de no tener nada mejor para perder el tiempo, Frida, Madrid, 2017, 52 páginas.
**********
Cuando se viaja, las ideas sobre el viaje pesan más que la maleta.
***
Siempre acaba por llegar un cursi y ponerle un lazo rojo a la carne desnuda.
***
La erudición también es una ignorancia parcial, pero con conocimiento de causa.
***
Entre las ventajas de la edad se cuenta esta: hacernos creer que nuestras resignaciones son una conquista de la sabiduría.
***
Hay pocos placeres comparables al de creerse que los demás envejecen peor.
***
La esperanza es la mitad de la aspirina.
***
El deseo también incluye una cartografía: nos inclina a ciertos barrios, a ciertas calles, a ciertas casas.
***
Hay amores de paso que constituyen un hogar mientras vamos de paso hacia el amor.
***
Se nos pasa el arroz incluso para las perversiones propias.

SEXOADICTAS O AMANTES, Paula Izquierdo

0


PAULA IZQUIERDO, Sexoadictas o amantes, Belacqua, Barcelona, 2007, 202 páginas.

**********
Catalina la Grande, George Sand, Sarah Bermhardt o Isadora Duncan «fueron tajantes en sus posturas y no se dejaron amilana, independientemente de las épocas y las costumbres al uso que les tocó vivir». Paula Izquierdo indaga en las distintas formas de procurar el placer y consolidar el yo.
**********


   Anaïs Nin nació en Neuilly, cerca de París, el 21 de febrero de 1903. Su padre era el famoso compositor y pianista cubano-español Joaquín Nin y su madre, Rosa Culmell, era hija de un diplomático danés establecido en La Habana. Cuando Anaïs contaba sólo once años, sufrió el mayor y más determinante desconsuelo que marcaría el resto de sus días: su padre se enamoró de una joven heredera y abandonó a su mujer y a los tres hijos habidos de ese matrimonio. Rosa Culmell decidió entonces poner mar de por medio, y embarcó junto con sus hijos rumbo a Nueva York. A partir de esa fisura sentimental, Anaïs comenzó a escribir, costumbre que no abandonaría jamás. Su objetivo, mientras navegaban por el Atlántico, consistió en escribir una carta a su padre dándole los más minuciosos detalles de su travesía. Corría el año 1914, Anaïs no volvió a encontrase con su progenitor hasta la primavera de 1933. La carta que comenzó entonces, es decir, la necesidad de expresarse por escrito, sería una forma de estar en el mundo. El resultado, además de una serie de novelas y relatos cortos, fue que Anaïs llegó a escribir un diario del que se conservaron quince mil páginas, repletas de erotismo y sinceridad, en el que describe sin ningún tipo de censura sus variadas y múltiples relaciones sexuales, sus sentimientos más íntimos en una búsqueda permanente de conocerse a sí misma a través de su voz interior; una vez más, una mujer retaba a su tiempo sobreviviendo a los prejuicios que imperaban en los primeros años del siglo pasado. 
   En Nueva York, después de estudiar hasta los dieciséis años, ya adolescente, se hizo bailarina de flamenco y modelo. En esa ciudad fue donde conoció al que sería su marido, Hugh Guiler, un banquero norteamericano con el que se casó con sólo veinte años. Parece ser que el matrimonio no se consumó hasta dos años después, ya que Anaïs sentía verdadero temor ante la posibilidad de mantener relaciones sexuales. Ella se había casado sin estar enamorada y él esperó pacientemente a que la joven madurara y pudiera dar rienda suelta a sus sentimientos.
   En 1931, el matrimonio se instaló en Francia, en un pueblecito llamado Louveciennes, cerca de París. Es entonces cuando escribe: «La vida ordinaria no me interesa. Sólo busco momentos altos. Estoy de acuerdo con los surrealistas, en la búsqueda de lo maravilloso». Un año más tarde, conoció al escritor Henry Miller y a su mujer June. Entre los tres se creó una relación apasionada y absolutamente insólita. Se querían los tres, se tenían celos y admiración, a veces se odiaban pero la mayor parte del tiempo fue una relación fructífera y productiva. Este triángulo amoroso se mantuvo durante un año; aunque Anaïs intentaba engañar a su marido, él constituía en cierta medida la cuarta pata de la mesa. Hugh sabía que la única forma de retener a Anaïs para que permaneciera a su lado era dándole la libertad que necesitaba y no preguntar, sólo amarla.
   En 1932, Anaïs conoció al psicoanalista francés Allendy, quien fue el cofundador, junto con Sigmund Freud, de la Sociedad Psicoanalítica de París. Pronto se estableció una relación íntima entre ambos. Ella buscaba conciliar con el psicoanálisis los diferentes matices de su personalidad: lo real y lo simbólico, la pasión y la razón, los acontecimientos y los deseos. Sin embargo, René Allendy, en su intento de curarla, trató de castrar su personalidad, su desenfreno, intentando eliminar todo aquello que definía su ser, por lo que Anaïs después de un periodo de tratamiento y sexo, terminó por evitar a aquel hombre que pretendía que ella fuera una mujer «normal».
   En 1933 se convirtió en amante de su padre. Anaïs escribió en su diario, que tiempo después se publicaría bajo el título de Incesto: «5 de mayo de 1933: Por la noche soñé con que mi padre me acariciaba como un amante, y experimenté un placer inmenso». Tal como ella expresa en estas líneas, siente por sus deseos un gran horror y una gran atracción. Al principio de su relación incestuosa se impide a sí misma llegar al orgasmo. Esta forma de automutilación o de autocastigo la ayudaba a sobrellevar el gran deseo que sentía hacia su progenitor. Privándose del máximo placer cree no ser tan indeseable. Escribe en su diario: «El esperma es un veneno». Su padre le dijo que quería reemplazar a sus otros amantes, y que, en realidad, su único y verdadero rival era el diario que ella escribía de forma incansable.
   Seis meses más tarde de su primer encuentro, padre e hija vuelven a citarse en la casa de Anaïs, en Louveciennes, y de nuevo se acuestan. Poco después, conocerá al psicoanalista Otto Rank, un hombre del que se enamoró y que la ayudó a superar y desechar la relación incestuosa que mantenía con el padre.
   Si algo la obsesionó a lo largo de su existencia fue su sentimiento de desarraigo que, en gran medida, se convirtió en el motor de vivir la vida hasta sus últimas consecuencias. Era una mujer que necesitaba llevar hasta el límite cualquier relación que establecía. Así, a través de su médico y amante fue cómo se hizo una verdadera devota del psicoanálisis, llegando a ejercer como psicóloga durante un periodo breve de su existencia. Rank, al contrario que Allendy, no intentó cambiar su personalidad, sino que la ayudó a asumir sus sentimientos, entendió sus contradicciones y le hizo ver que éstas eran legítimas. Fue Rank quien le propuso que se desplazara a Nueva York para que ejerciera como ayudante. Poco después, Anaïs volvió a Francia, pero tanto la relación con Rank como el estudio y conocimiento del psicoanálisis fueron muy satisfactorios para ella; aprendió sobre todo a aceptarse a sí misma y a entender las fluctuaciones de su estado de ánimo.
   Meses después de regresar a París, en mayo de 1934, se quedó embarazada de Henry Miller (según sus cálculos). A pesar de la insistencia de su marido, Anaïs decide abortar. Este aborto supone un antes y un después en su vida, una forma de exorcizar todos sus fantasmas. Pierde a la niña, pero ella revive.
   Es cierto que Anaïs se convirtió en un icono de la autenticidad en una época saturada de hipocresía. Según Erica Jong, Anaïs es una representante de la libertad sexual y psicológica de la mujer y por eso sus diarios íntimos y sus relatos eróticos no dejaron a nadie indiferente; unos la odiaron y otros la llevaron al altar de la liberación sexual. También obtuvo, merecidamente, el título de mecenas de los artistas. Anaïs era capaz de reconocer el talento de todos aquellos que la rodeaban. De hecho, desde el principio de su relación con Miller hasta que éste despuntó como escritor, ayudó económicamente a su amante y colega. Durante los primeros años de relación llegaron a colaborar. Ambos se ayudaban, se apoyaban y se admiraban como escritores. Cuando económicamente vinieron mal dadas estuvieron dispuestos a escribir bajo pedido relatos eróticos o pornográficos para un coleccionista. Sin embargo, esta fuente de ingresos pronto llegó a su fin. Ninguno de los dos se sentía a gusto en ese papel de «fingidor» sexual. El sexo para ellos tenía un valor inmenso y prodigioso que, indefectiblemente, se desvirtuaba al escribir sobre él de una forma más o menos mecánica. Cuando decidieron poner fin al acuerdo, escribieron una carta al coleccionista: «(...) Le odiamos. La sexualidad pierde su fuerza cuando se hace explícita, automática, exagerada. Cuando se convierte en una obsesión mecánica, llega a ser aburrida. (...) No sabe usted lo que se pierde con su análisis microscópico de la actividad sexual y la exclusión de todo lo demás, sin el combustible que la enciende: lo intelectual, lo imaginativo, lo romántico, lo emotivo (...)».
   Esta carta, fechada en diciembre de 1941, puso punto final a la colaboración de Miller y Nin con su excéntrico lector.
  Hemos hablado de la fijación que Anaïs tenía hacia su padre, un don Juan quisquilloso y manipulador. Su otra obsesión fue la desatención que sufrió como escritora. Anaïs tuvo siempre la sensación de no ser apreciada como la escritora que era. En Norteamérica se la consideraba una extranjera y, cuando por fin se publicaron sus obras en Francia, aparecieron como «Romans américains». En Nueva York, ante la negativa de los editores, decidió publicar sus textos y los de sus amigos ella misma. Sin embargo, cuando en 1944 vio la luz su libro de relatos Bajo la campana de cristal, el crítico literario de mayor prestigio del momento hizo una reseña muy elogiosa, comparándola con Virginia Woolf. En aquella época escribió: «A mí me pueden encontrar en una fiesta y se me puede ver bailar y reír, pero lo que escribo es muy serio. Sólo cuando muera llegaré a ser visible, y entonces algún editor se interesará por mis libros y pujará por ellos. Pero durante mi vida no ha habido ningún escritor ni editor que diera un solo paso para prolongar mi obra». Estas notas son en alguna medida proféticas. Aunque antes de su muerte conoció el éxito, ya que en 1966 se publicó el primer volumen de sus diarios íntimos, no fue hasta después de su fallecimiento cuando la gente se pegaba por leer sus diarios y Anaïs se convirtió en una escritora de culto. Tampoco es del todo cierto que otros escritores no la reconocieran, el mismo Miller, ya en 1941, le escribió a propósito de los norteamericanos: «Serás aceptada bien, magníficamente, cuando aparezca tu obra maestra. Es decir, el diario. Tienes que creer en tu obra, en su valor conjunto. Quiero ayudarte. Creo que tu diario es más importante que toda mi obra completa».
  Anaïs hizo lo que ninguna mujer se había atrevido a hacer, y es escribir tal como ocurrían las cosas, tal como pensaba, sin saltarse un sentimiento, relatando la pasión y la mentira sin ningún pudor. De ella es la frase: «Soy quien soy». El sexo con hombres, con mujeres, con varios, en el mismo día, mintiendo a unos para ver a otros, la enloquecida vida de la sexualidad de esta mujer, todo ello se describe sin recato en sus diarios.
  Cuando se publicó el primer volumen de los siete famosos tomos, Shapiro escribió en la revista Book Week: «Desde hace una generación, en el mundo literario de ambos lados del Atlántico, ha habido rumores sobre un diario extraordinario, Durante mucho tiempo se ha esperado su publicación. Miss Nin vivió durante aquellos años que produjeron un gran espasmo de creación artística. En su cosmopolita vida conoció a escritores, pintores, músicos, bailarines y actores. Ella misma era uno de los talentos centrales de esa época. Los primeros lectores del manuscrito hablaban de él en términos hiperbólicos, como obra que iba a ocupar un lugar entre las grandes revelaciones literarias. Por fin aparece un fragmento importante de este diario y parece que las esperanzas estaban fundadas».
  A partir de este momento, como se dice más arriba, Anaïs se convierte en el centro de atención de la vida cultural, y sus admiradores se multiplican. En 1973 recibió el doctorado Honoris Causa del Philadelphia College of Art y fue elegida para el Instituto Nacional de las Artes y las Letras un año más tarde. Los últimos años de su existencia los dedicó a dar conferencias, a asistir a cenas y a dejarse querer por sus lectores, Murió en Los Ángeles el 21 de febrero de 1977. Su cuerpo fue incinerado y las cenizas esparcidas en la bahía de Santa Mónica. Su lema sigue vibrando en los tímpanos de muchas mujeres: «Cualquier forma de amor que encuentres, vívela».

LA VIDA TE CAMBIA LOS PLANES, Orlando van Bredam

0


ORLANDO VAN BREDAM, La vida te cambia los planes, APEF, Formosa, 1994, 68 páginas.
**********
BAILE

   El odio, a diferencia del amor, siempre es recíproco. El bailarín de tango y la bailarina se despreciaban con la misma tenacidad con que alguna vez se quisieron. Sólo los unía la fama y contratos envidiables. Cada baile era un desafío a los mecanismos más profundos del rencor. Se deleitaban en esa humillación mutua más cercana a la perversidad que al oficio. Cuanto más se odiaban, más los aplaudían. Ella incorporó al vestuario inconsulto, dos largas trenzas criollas, vivaces y relampagueantes bajo la luz de los reflectores. Las agitaba como cadenas, como látigos, como sables. Él soñaba con quebrarla sobre sus rodillas como una caña hueca. Se miraban siempre a los ojos, no dejaban de mirarse nunca en esa guerra bailada, en ese combate florido. La noche que más los aplaudieron fue la última, cuando ella, después de tantos ensayos, logró enredar sus trenzas en el cuello del bailarín y siguió girando y girando hasta el último compás. 

ÉRASE UNA VEZ UN ALFABETO, Olivers Jeffers

0



OLIVER JEFFERS, Érase una vez una alfabeto, Andana,Valencia, 2015, 110 páginas.

**********
Jeffers ilustra con fino humor los microrrelatos que organiza alfabéticamente.
**********

JUEGOS CON GELATINA

   A Jimena le gustaba jugar con gelatina. De vez en cuando preparaba jugosos manjares. A veces creaba cosas ingeniosas como un jarrón irrompible. Un día se hizo la puerta de casa con gelatina. Así, si se dejaba las llaves, sólo tenía que estirar el brazo y cogerlas. Pero, claro, cualquiera podía hacer lo mismo. Por eso este tipo de puerta jamás se puso de moda. Además, ¿quién puede ser tan despistado como para olvidarse de las llaves? 


LOS ESPEJOS ASESINOS Y OTRAS MINIFICCIONES, Fari Rosario

0


FARI ROSARIO, Los espejos asesinos y otras minificciones, Banco Central de la República Dominicana, Santo Domingo, 2017, 164 páginas.

**********
TARZÁN Y SU MONA

   Regresaron a la jungla y creo que, a juzgar por los aullidos, fueron felices.

BESTIARIO DE AMOR, Richard de Fournival

0



RICHARD DE FOURNIVAL, Bestiario de amor, Miraguano, Madrid, 1990, 112 páginas.

**********
Traducido por Ramón Alba, toma como referencia la edición de 1860 de C. Hippeau. Los dibujos de José Luis Fernández Rodríguez reproducen los del manuscrito conservado en la Biblioteca Imperial.
 **********

EL GALLO

   Porque cuanto más cerca de la mañana más a menudo canta; y cuando lo hace a medianoche más fuerza da a su grito y mayor potencia a su voz.
    El crepúsculo y el alba, que participan a la vez de la naturaleza del día y de la noche, significan un amor que no está del todo desesperado, pero no guarda intacta su esperanza. La medianoche simboliza el amor desesperado.
    Y ahora, que ya no tengo la menor esperanza de alcanzar vuestra gracia, es medianoche. Cuando tenía alguna esperanza me encontraba en el anochecer. Entonces cantaba más menudo, ahora es preciso que cante con más fuerza.
    Que los desesperados tengan una voz más fuerte, se justifica en la naturaleza del animal que más se esfuerza al rebuznar y tiene la voz más fea y pavorosa del mundo, el Asno Salvaje.