EL DOMADOR, Rafael Pérez Estrada

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RAFAEL PÉREZ ESTRADA, El domador, Paréntesis, Alcalá de Guadaíra, 2009, 172 páginas.

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   Quiso decir una palabra que fuera diferente, una palabra para expresar aquellos estados a los que ni siquiera el pensamiento llega. Una palabra como un instrumento musical único. Dúctil. Capaz de contener todos los registros de la emoción y la melancolía. Una voz útil para representar a los contrarios; así, agua y fuego podrían decirse con sólo pronunciarlas; y vuelo y caída, o lejos y cerca también se significarían en ella. Será -deseó- una expresión con tacto; y deseada, la hizo aún más amplia, con olas, lluvia y brisa: Entonces, tal si fuera a parirla, la mujer realizó un esfuerzo, abrió la boca, y suave y rítmica surgió la palabra que era un tallo muy frágil y decidido. Un tallo ascendiendo, ajeno a todo cuanto no fuera ascender; un eje acariciado por un sol extraño a este esfuerzo, a esta mística de engendrar la palabra. Sorprendida, la mujer la vió alzarse más allá incluso de los cipreses. La sintió indefensa, mecida por el viento, y sólo su alma se sosegó cuando los primeros pájaros vinieron a habitarla.

QUIJOTADAS, Autores Varios

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Quijotadas, Ojos Verdes, Alicante, 2016, 170 páginas.

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Como cabe esperar, los microrrelatos que componen este volumen (que recoge la participación en el I Concurso de nanocuentos Homenaje a Miguel de Cervantes) revolotean en torno a la intertextualidad.
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DESTINO

   Hoy, que esperaba verte aparecer con la armadura de hojalata y espadín oxidado, en que ansiaba ver la enjuta figura y las barbas desaliñadas. Justo hoy, en que comprendí que la mayor de las quijotadas es el amor, ya no viniste.
Dulcinea


John Solís Rodríguez
 



SAQUE DE LENGUA, Gabriel Insausti

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GABRIEL INSAUSTI, Saque de lengua, Cuadernos del Vigía, Granada, 2018, 80 páginas.
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El lenguaje es un juego de equipo.
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Vivir el día igual que ese estudiante demasiado ocupado en tomar apuntes como para prestar atención.
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La verdad será obscena o no será.
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Cuánta soledad en un menú del día. 
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La lluvia es un país.
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El ebook ha logrado por fin que toda lectura sea una iluminación.

UN ANDAR SOLITARIO ENTRE LA GENTE, Antonio MUñoz Molina

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ANTONIO MUÑOZ MOLINA, Un andar solitario entre la gente, Seix Barral, Barcelona, 2018, 496 páginas.

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El paseante no agota su perplejidad ante una urbe que usa el lenguaje para propiciar la sensación de libertad en unos individuos fatalmente enjaulados en su egoísta yo. El narrador se sirve del collage para reflejar la falta de piedad y empatía que domina este mundo urbano. Cada una de las secuencias que componen este libro pueden ser leídas independientemente.     
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VUELVE LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES

   Gordo, grandullón, con colorete en la cara para disimular un eczema, lento ahora de movimientos, sin dinero, Oscar Wilde camina por los bulevares de París y por las calles estrechas de Saint-Germain-des-Prés donde están los hoteles baratos en los que se aloja. Se registra en ellos con el mismo nombre que hay ahora en sus tarjetas de visita: Sebastian Melmoth. Cuando se quita un guante para dar una tarjeta o estrechar una mano se ve que las suyas ahora son grandes y toscas, enrojecidas, como manos de cargador o de obrero. Es la Sombra y es el Hombre Invisible. Es el heredero apócrifo de ese John Melmoth que en una novela gótica vive errante y proscrito durante siglos, y se aparece de vez en cuando “en lugares inesperados, y hasta imposibles: en una serranía cercana a Valencia, una noche de tormenta; en un calabozo de la Inquisición; en la celda de un condenado a muerte; en el dormitorio de un moribundo. Las farolas de gas proyectan una sombra agigantada y oscilante de Oscar Wilde, que regresa a su hotel borracho de absenta y murmurando cosas en voz baja. Como a Melmoth, algunos conocidos antiguos que se encuentran con él lo confunden con una aparición, un regresado del reino de los muertos. Otros que lo distinguen desde lejos cambian de acera, o ni siquiera eso: apartan la mirada y se cruzan con él como si fuera invisible. Wilde Melmoth es un Golem en ruinas: hinchado de alcohol, la cara enorme floja, el pelo sucio, las botas torcidas, un olor a falta de higiene y a alcohol que lo envuelve, quizás también un rastro perdurado del olor de la cárcel. “Ha vuelto a París después de una ausencia de unos pocos años, pero es igual que si hubiera vuelto o llegado desde un siglo atrás, desde otro mundo. Vino cuando era una celebridad y lo halagaba todo el mundo y estrenaba en los mejores teatros y ahora es un proscrito y casi un muerto en vida. Tiene costumbres de vampiro. Duerme durante las horas diurnas y sale a la ciudad cuando anochece. Alguien lo vio una noche sentado bajo la lluvia en la mesa de un café donde los camareros habían plegado ya el toldo y apagado las luces. Al doblar una esquina, una amiga de otra época se encontró de golpe con él, su corpulencia lenta en una acera estrecha. Lo saludó con pena, con piedad, y él extendió una mano y le pidió unas monedas.

CUENTOS DE BUENAS NOCHES PARA NIÑAS REBELDES 2, Elena Favilli & Francesca Cavallo

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ELENA FAVILLI & FRANCESCA CAVALLO, Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2, Destino, Barcelona, 2018, 224 páginas.

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En el Prólogo afirman las autoras sobre su proyecto: Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes está enseñando a cientos de miles de personas a percatarse de historias que antes no veían. Está inspirándolas a buscar talento donde creían que no lo había. Está facilitando la tarea de encontrar potencial en lugares impredecibles».
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ANDRÉE PEEL [3/02/1905 - 5/03/2010]

[Miembro de la Resistencia francesa]

   Había una vez una joven que tenía un salón de belleza. Andrée era inteligente y tenía mucho estilo, y siempre ofrecía una brillante sonrisa a sus clientas.
   —Bonjour, madame —decía—. ¿Cómo le gustaría su corte el día de hoy?
   Luego estalló la Segunda Guerra Mundial, y todo cambió.
   Cuando Hitler invadió su país, Andrée se unió a la Resistencia francesa, una red de gente común que trabajaba en secreto contra los nazis. Ayudó a distribuir periódicos clandestinos a otros miembros de la Resistencia; era una tarea arriesgada y peligrosa. Andrée fue rápidamente ascendida a sargento y le dieron el nombre clave de Agente Rosa.
   Muchas veces arriesgó la vida. Salía por las noches y acomodaba una hilera de antorchas encendidas que funcionaban como señales para los aviones de los Aliados cuando cruzaban las líneas enemigas: gracias a la Agente Rosa, los pilotos veían esos puntos brillantes y sabían que podían aterrizar de forma segura. Ella ayudó a evitar que más de cien pilotos británicos fueran capturados por los nazis antes de ser atrapada y enviada a un campo de concentración.
   Enferma, famélica y vestida con una pijama de rayas azules y blancas, Andrée fue puesta en una fila junto a otros prisioneros frente a un pelotón de fusilamiento; estaban a punto de disparar cuando las tropas Aliadas llegaron y los salvaron.
   Andrée fue considerada una heroína. El presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico le enviaron cartas para agradecerle todo lo que había hecho. Vivió una larga vida, pero siempre guardó un trozo de aquella tela blanca y azul como recordatorio de esos terribles días y para confirmar que, como ella decía: «Los milagros sí existen».


 Ilustración: Zosia Dzierżawska

ESCRITURA Y SECRETO, Luisa Valenzuela

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LUISA VALENZUELA, Escritura y secreto, FCE, Madrid, 2003 (2002), 176 páginas.
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En la segunda sección de este libro, que recoge diversos ensayos de Valenzuela, hallará el lector el Taller de escritura breve.
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I.  Escritura y secreto   [9] 


Introducción [11]
Alrededor del secreto [13]
Cuatro ventanas hacia el secreto [31]
Encuentro y memoria, olvido y misterio [57]             
Incursiones antropológicas [74]

II. Taller de escritura breve   [85]

Apuntes para el «apunten: ¡fuego»   [109]

ADDENDA

LEOPOLDO BRIZUELA: Las dos travesías de Luisa Valenzuela   [123]
SHARON MAGNARELLI: Espejos/espejismos: cuentos de hadas y el poder de los reflejos en Simetrías   [145]  
La Cátedra Alfonso Reyes   [165]

VADEMÉCUM, Víctor Juan

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VÍCTOR JUAN, Vademécum, Olifante, Zaragoza, 2014, 104 páginas.

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Trescientos trece tuits, «sin adiciones ni potenciadores de sabor, sin conservantes ni colorantes» componen este vademécum.
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Me desangro por todas las heridas,
las mismas que me dan la vida.
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Me conformaría con ser un oligoelemento en tu vida.
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No pierdan el tiempo.
No se entretengan en fabricar pequeños rencores.
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La felicidad sólo es presente y futuro.
El recuerdo de la felicidad del pasado es melancolía.
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Mañana es un tiempo cargado perpetuamente de esperanza.
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Cuando toda la felicidad del mundo cabía en un paquete de pipas...
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No quiero estar en tu museo de cera.
No quiero ser un recuerdo para ti.
El recuerdo es la taxidermia del amor.
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No me miras y así crees que no te veo.